miércoles, 20 de febrero de 2013

El reclamo y los pollitos de perdiz

El reclamo y los pollitos de perdiz

Nuestra desmesurada afición al reclamo abarca innumerables facetas, todas ellas altamente atrayentes para el apasionado jaulero, que llevado por su celo permanente le lleva a saborear y disfrutar de cada una de ellas a lo largo del año.

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Es por esta época cuando, en nuestras visitas periódicas al campo, nos sorprende el bandillo de perdigones recién nacidos y las estratagemas de despiste que sigue la perdiz para intentar convencernos que está malherida, para así llamar nuestra atención y pueda poner a salvo a su desvalida tropa.
Cuando el calor veraniego aprieta, ya que el sol impone su justicia, los bandillos se dirigen al lugar que tengan como abrevadero para saciar su sed. Suelen llevar, en su aproximación al mismo, un ritual y un recorrido muy parecidos. En él, emplearán todas los mecanismos de defensa de los que les ha dotado la naturaleza y de esta forma, poco a poco, se irán aproximando al “charco” para saciar su segura sed.
 Otra faceta con la que disfrutamos los jauleros es la referida a la cría de la perdiz en cautividad con el objeto de poder obtener, por este sistema, algún reclamo que pueda servir después como tal en nuestra apasionante modalidad de caza.
Es muy frecuente verlos beber por turnos; por ello, siempre existirá algún progenitor y algunos de los pollastres que seguirán de vigía en sus inmediaciones, pues saben de la legión de enemigos que los acechan y vigilan diariamente.
Una vez saciada la sed, se dedicarán a acicalar sus plumas en sus inmediaciones y a tomar tierra bajo la sombra de algún árbol. De esta forma, pasarán algunas horas dormitando y descansando, hasta que uno de los progenitores comience a apeonar indicando así, al resto del bando, el camino a seguir.
Si llegados al “aguaero” detectaran algún hecho anormal, permanecerán en sus inmediaciones durante largo tiempo. Un vez pasado el supuesto peligro seguirán con las distintas fases de aproximación, siempre intentando camuflarse lo mejor posible en su continuo apeonar.
No es raro contemplar en las inmediaciones del charco la presencia de dos bandos, que tienen este lugar en común para satisfacer esta imperiosa necesidad. De hecho, en ocasiones se pueden visualizar los miembros de los distintos bandos mezclados de forma provisional, hasta que alguno de los progenitores comience con la tarea de reunificar el recién disgregado bando y tomar posteriormente cada uno de ellos distintas direcciones, una vez que han bebido.
En estos casos no suelen existir enfrentamientos directos entre los progenitores de los dos bandos, pues conociéndose entre ellos, ya tomaron, en su momento, el lugar jerárquico que por fortaleza y dominio les tocó ocupar. Esta fase es una de las innumerables que existen dentro del mundo cuquillero, donde el aficionado a la jaula, o cazador del reclamo, disfruta de la belleza de la perdiz roja en su hábitat natural, de sus comportamientos, sus costumbres, sus hábitos y los recorridos que realiza a diario, en sus respectivas querencias, para buscarse el necesario sustento.
De igual manera, otra faceta con la que disfrutamos los jauleros es la referida a la cría de la perdiz en cautividad con el objeto de poder obtener, por este sistema, algún reclamo que pueda servir después como tal en nuestra apasionante modalidad de caza.
Aunque los desengaños, las frustraciones y la escasa recompensa, al no obtener casi nunca un reclamo catalogado como bueno, será lo que nos encontremos en todo este proceso de cría de perdigoncillos, siempre nos deparará el largo proceso de maduración de los pollos, estampas, imágenes, situaciones y sensaciones altamente gratificantes al ser testigos de todas las etapas de su desarrollo.
Ni que decir tiene que la cría de la perdiz en cautividad es una de las fases que también vivimos ilusionados los reclamistas, al esperar que nos sonría la suerte y así poder hacernos con ese reclamo soñado... y además criado por nosotros mismos.

EL PICHINERO

El «Pichinero»
En el misterioso mundo del reclamo de perdiz, por ser éste de quijotes, todo es posible. De ahí que no sea fácil entenderlo, y de ahí que cuente con multitud de detractores, ya que les resulta incomprensible, entre otras muchas cosas, que sus seguidores sean auténticos zoólatras de sus pájaros y que, incluso, se estén estrellando constantemente contra los molinos de viento de sus anhelos y fantasías.

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No les importa, sin embargo, a estos soñadores tanto fracaso, ya que siempre seguirán cabalgando, empecinadamente, sobre este frágil rocín de sus fantasías, no desfalleciendo jamás en su permanente gozo de soñar en sus inefables aventuras y venturas, por más que, por lo común, se les tornen en decepcionantes desventuras.
Son, pues, cofrades de esta tan sugestiva modalidad de la caza de la perdiz con reclamo, los únicos quijotes del mundo de la escopeta
Son, pues, cofrades de esta tan sugestiva modalidad de la caza de la perdiz con reclamo, los únicos quijotes del mundo de la escopeta. Un mundo tan sumamente sorprendente además, como para que en él se troquen todos los términos, ya que en él el verdadero cazador es el pájaro, en tanto que el dueño se tiene que limitar, paradójicamente, a ser un simple y fiel escudero que, por otra parte, debe estar tan absolutamente sumiso a las órdenes de su caballero, que ¡ay, de aquél que no le obedezca!, teniendo que ser, además y por añadidura, esta obediencia de escrupulosa exactitud.
Y es que se trata de un caballero-cazador tan extremadamente sensible y exigente, que si en los cuidados que hay que prodigarle tanto en el terrero como sobre el casillero, puede mostrarse, por lo común, condescendiente, no es así cuando está sobre el pulpitillo, bien retando a un contrincante don Juan, más o menos apuesto y arrogante, o bien lanzando al aire amorosos requiebros, intentando seducir a alguna coquetona dama en estado de merecer, pues en estos casos, si el escudero no le abate tanto al uno como a la otra, no sólo en el sitio justo, sino en el preciso momento que él exige y ordena, por lo general de forma tan inequívoca como ostensible, pues aquí se acabó la presente historia. El bizarro y embaucador trovador del pulpitillo quedará tan terrible y misteriosamente dolido y decepcionado que, en el acto, pasará a formar parte de la triste y deprimente cofradía de los maulas.
Cierto que no se llega a tan fatal descalabro en todos los casos, sobre todo en los reclamos ya hechos, después de haberse debatido en mil y una singulares batallas. Pero, de todas maneras, y aun en estos casos, las pichinerías de estos infieles escuderos bien podían mandar al garete al más tolerante, noble y bondadoso de estos caballeros del pulpitillo, si es que reinciden en estas desobediencias, aunque no en muchas más que dedos tiene la mano. Y es que debe ser de tan tamaña magnitud la decepción de estos sensibles caballeros de la jaula ante estas pichinerías, que una patada en los mismísimos sería, en comparación, una leve caricia.
No es, pues, la presa el primordial objetivo en esta tan bella y quijotesca modalidad cinegética. Nada más lejos de la realidad. Su única razón de ser es ese permanente gozo en que vive el pajarero, siempre soñando con sus pájaros, y cuya culminación está en esa tan tensa emotividad de un lance siendo, como es, tan incierto siempre.

Pichinerías

No es, pues, la presa el primordial objetivo en esta tan bella y quijotesca modalidad cinegética de la perdiz con reclamo
En la jerga del pájaro, pichinero (1) es un despectivo de distinta gravedad según el pecado que haya cometido y, siempre llevando como denominador común el desprecio y el rechazo hacia el que se comporta como un mal pajarero y, por supuesto, a las pichinerías (2) que, como tal, cometa.

Cuando el reclamo comienza a cantar no hay que dejar de observarle, pues con sus evoluciones nos avisará si hay alguna perdiz próxima a entrar en la plaza.
En su acepción más suave, se suele decir del pajarero que por novato comete algunos fallos. No son éstos, sin embargo, los pichineros que nos ocupan y preocupan, puesto que nos referimos a los impresentable cuneros (3) que se han colado de rondón en esta bella aventura del pájaro, y que con sus despreciables furtivismos se comportan como viles predadores. Supongo que estos fulanos, habrán sido los que han inducido a sublevarse a la mayoría de los detractores que tenemos cerniéndose sobre nuestras cabezas, puesto que, creyéndonos a todos de la misma calaña, nos han metido en el mismo saco. Y como, según dicen, para muestra bien vale un botón, junto a otros muchos de estos lindos botones, nos dedica, en uno de sus libros, uno de estos detractores que, por cierto, no es un cualquiera, sino todo un prestigioso adalid, tanto con la escopeta, como con la pluma en las manos: «Los españoles —dice— somos de una pasta tal que, desde el momento que se autoriza a uno a coger una escopeta, nadie puede estar seguro de nada (…). Autorizar la caza del reclamo, constituye un gravísimo peligro (…) porque las oportunidades que todo esto brinda al furtivismo, son que ni pintadas».
Yo, ante tan cruda e injusta denuncia, apenas sí pude reaccionar cuando lo leí. Pero hoy, después de haber pensado en ello, y teniendo presente la encomiable actitud de infinidad de jauleros de los más diferentes rangos sociales y culturales, no tengo por menos que gritar terriblemente indignado y ofendido. Y así tengo que decir que, en multitud de ocasiones hemos tenido, allí mismo y en la mismísima plaza (4), algún que otro retozón e incauto caramono o alguna que otra andariega gitanota (5) olfateando de tanguete (6) al enjaulado del pulpitillo (7), y hasta, incluso —aunque cierto es que en muy raras ocasiones— algún vareto o pepa (8), y que, por supuesto, se les ha dejado ir en paz, quedando uno con la conciencia inundada de esa gratificante paz de haber hecho las cosas como Dios manda.

Mantener a un buen reclamo exige cuidados durante todo el año.
No obstante, siendo totalmente cierto todo cuanto termino de decir, debo reconocer que algo de verdad debe haber también en el tremendo y mordaz anatema del prestigioso líder de la oposición, porque, entre otras cosas —y como ya he dejado escrito— el tal no es, ni mucho menos, un cualquiera. Claro que, pensándolo bien, esto de reconocer la terrible acusación no deja de ser una perogrullada, puesto que se sobreentiende que admito tal acusación, siempre y cuando sus destinatarios sean esos impresentables pichineros de la jaula, en particular, y los demás furtivos del mundo de la escopeta, en general; pero ni mucho menos el aficionado al reclamo como tal y por el solo hecho de serlo, puesto que furtivos, desgraciadamente, siempre los hubo, los hay y los habrá. Todos, sean del estamento que sean, producen verdaderas náuseas a todo el que de honrado cazador se jacta, y es que esta gentecilla donde pone los pies, si es que no las patas, como en el caso del mítico caballo de Atila, no vuelve a nacer la hierba.

El tollo-castillo

Por eso, cuando están en el puesto, suelen hacer en el tollo cuatro troneras para que todo bicho viviente que tenga la fatalidad de caer por los alrededores no tenga la menor opción de escapar con vida
Arduo y prolijo sería describir todas y cada una de las pichinerías que suelen cometer los inexpertos o desaprensivos pajareros, y como el sólo mencionarlas —sobre todo las mortales, si es que no tanto las veniales— me produce una especie de escozor en el alma, prefiero limitarme a reseñar la más despreciable de todas, y así pasar el mal trago de una vez.
Se trata de un desafuero que, por vergonzoso e indignante, sólo lo pueden cometer los que son verdaderas alimañas humanas, y para las que la única ley que puede existir es ésa que dice: «Dios me ponga donde haiga, que de recoger me encargo yo», y que en la versión que nos ocupa —esto es, en la del pajarero— podíamos traducirla declarando que el único objetivo de estos peligrosos individuos es matar y matar, por lo que ni pichineros se les puede llamar tan siquiera, sino carniceros —por supuesto que en su sentido más peyorativo—, y es que estos furtivos del mundo del pájaro van con una mano por el cielo, la otra parte por el suelo y un gancho en las espaldas, para que nada se les pueda escapar, y poder así ir rebañando todo cuanto se les vaya poniendo al alcance. Por eso, cuando están dando el puesto, suelen hacer en el tollo cuatro troneras (9): una al norte, otra al sur, una tercera al este y, por fin, una cuarta al oeste, para que todo bicho viviente —que no sólo las perdices— que tenga la fatalidad de caer por aquellos alrededores, no tenga la menor opción de escapar con vida. El puesto, pues, de estas alimañas es algo así como el castillo aquel del cuento infantil, al que se le denominó como el Castillo de Irás y Novolverás.

No todas las perdices llegan a convertirse en un buen reclamo, por lo que éstos pueden alcanzar altos precios.
Claro que a estos verdugos no hay reclamo —por muy noble, voluntarioso y generoso que sea— que los aguante, porque, irremisiblemente, se prostituirán, si es que antes no se convierten en verdaderas alpargatas enjauladas. Pero a estos individuos, ¿qué les puede importar un reclamo…? A éstos, todo lo que no sea carne, les da exactamente igual. Así que, si el reclamo, rechiflado y decepcionado por tanta y tan desvergonzada pichinería, se niega a hacer su trabajo, estos auténticos y despreciables matarifes siempre tendrán, como sustituto, un casette con su cinta previamente grabada y adecuadamente incorporada, sabiendo que este pájaro, por insensible y poco dado a decepciones, sí que cantará, pase lo que pase y como pase.
¿Qué os parece…? Como para dejar a cualquiera con los güevos colgando, ¿a cómo sí (10)? Por eso mejor será que los olvidemos, no vaya a ser que si seguimos refiriendo desafueros de tan nauseabunda calaña, en vez de con los susodichos colgando, lleguen a descolgárnoslos del todo y se nos hagan una tortilla al estrellarse en el suelo. Y es que estos individuos tienen de pajareros, lo que aquél que decía que era joyero, porque se dedicaba a hacer joyos (11).

El reclamo y otras modalidades: cazar o no cazar

Una vez acabada la temporada de caza de Perdiz con Reclamo en España, llega el momento de reflexión. Y esta reflexión no va a ser sobre cómo ha ido la temporada, si ha habido lances destacados o reclamos punteros.

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La sombra de la Unión Europea vuelve a sobrevolar aguardos y pulpitillos en busca de excusas que argumentar para declarar ilegal la práctica de nuestra pasión. Es sabido que se escudan en afirmar que la caza del reclamo se hace en tiempo de reproducción y cría de estas aves, cosa que prohíbe explícitamente la Normativa Europea, cosa que apoyamos y cosa que defendemos.
Esto parece ya un circo, donde los cazadores hacemos de payasos —con todo mi respeto y admiración a dichos profesionales— de quienes se ríen hasta de las sombras de las piedras.
Ahora les toca el turno a los levantinos, quienes sufren desde hace años el acoso de los, a mi entender, mal llamados ecologistas por practicar una actividad cinegética (que no deporte…) como es el Parany. Pero por si no fuera poco, ahora, a pesar de tener el apoyo de los dos partidos políticos más importantes de la Comunidad Valenciana, el Gobierno de España pone en entredicho la legalidad de esta modalidad de caza, creando así un conflicto verdaderamente político, en el que el enfrentamiento lo es entre partidarios políticos del mismo signo, pero quienes lo sufrimos verdaderamente somos los cazadores.
Hace pocos días, se celebraba en Galicia el campeonato de caza de zorros, con intento de boicot por parte de los mencionados ecologistas, sin llegar a contemplar lo dispuesto en Normas, Leyes y Reglamentos que rigen este tipo de actividades, en donde se dicta el derecho a practicar la caza dentro de las mismas normas citadas.
Esto parece ya un circo, donde los cazadores hacemos de payasos —con todo mi respeto y admiración a dichos profesionales— de quienes se ríen hasta de las sombras de las piedras.
Las Leyes están para cumplirlas. Si se decidió declarar legal la caza con reclamo, que dejen de molestar a un colectivo que lo que quiere es poder disfrutar de su PASIÓN de manera tranquila. Si es el Parany, que dejen a los paranyers desarrollar su actividad cinegética.

Foto: Urbi.
Ni la caza del reclamo de perdiz se realiza en época de reproducción y cría de esta ave —cosa que los llamados ecologistas, además de los políticos encargados de regular las normas para la práctica de la caza deberían saber—, ni la caza de parany es abusiva e indiscriminada.
Tampoco es abusivo abatir 94 zorros en una zona en la que la densidad de estos animales es de 2´7 animales por kilómetro cuadrado, cuando los mismos ecologistas afirman que la densidad apropiada es la de 0´7 zorros en esa misma superficie.
Sin querer demostrar ningún signo político —al menos esa es mi intención—, creo que ya está más que olvidada la famosa manifestación del 1º de marzo, en la que, como asistente, experimenté una gran satisfacción al ver a los cazadores unidos por primera vez. La antes ministra Cristina Carbona ya no está en el patio político nacional, pero parece que su sombra sigue presionando a quienes tienen hoy por hoy la responsabilidad de gobernar nuestro Medio Ambiente, atacando —o al menos no defendiendo— la caza de la perdiz con reclamo, el parany y la caza de zorros.
¿Qué vendrá después? ¿Empezarán a acosar a lebreles, conejeros o codorniceros? Puede que empiecen a meterle mano a monteros y rehaleros, aunque éstos aún no lo tienen muy claro con el tema del transporte de los perros…
¿Qué está ocurriendo en España? ¿Debe pagar el Gobierno deudas contraídas en las urnas en pasadas elecciones?
Lo que sí que es cierto es que entrar en un terreno privado sin la autorización necesaria, con el fin de boicotear una jornada de caza —sea o no una competición— es ILEGAL. Asaltar —con premeditación, nocturnidad y alevosía— una granja legal de cría de visones para peletería, es ILEGAL.
No hay mayor ecologista que el que lucha por conseguir y mantener un equilibrio perfecto en el Medio Ambiente
En los dos casos se incumple la Ley, y se sienten orgullosos por hacerlo. Incluso cuentan que dejarán para la posteridad el momento de resistirse a los Agentes de la Autoridad durante su detención acusados de estas ilegalidades.
Y ni tienen en cuenta del desastre ecológico que supone liberar a miles de visones durante la noche, amén de las pérdidas económicas que ello supone.
Y yo vuelvo a preguntarme… ¿Qué está pasando? ¿Por qué los cazadores no estamos unidos —parece que el espíritu del 1º de marzo pierde fuerza— en defensa de nuestros derechos? ¿Qué estamos esperando?
Cuando lleguen a ilegalizar una modalidad de caza, sea cual sea, empezaremos con asombrarnos, maldecir e incluso llorar. Y cuando lo consigan con una, irán a por otra. Si ilegalizan la cetrería, yo tranquilo, pues no soy cetrero. Cuando lo hagan con los galgos, yo tranquilo, pues no soy galguero. Pero… cuando lo hagan con el reclamo de perdiz… ¿quién me va a apoyar, ayudar, dar ánimos y comprender para que yo pueda argumentar la necesidad de defender mi derecho a cazar?
Vamos a ser sensatos. Vamos a unirnos de una vez por todas para conseguir que, al menos, antes de que los responsables tomen decisiones drásticas, pidan ayuda y consejo a los verdaderamente interesados y conocedores de la caza en España.
Hay mucho ecologista en los despachos gubernamentales, y son ellos los que se encargan de asesorar a quienes nos legislan. Unos asesoran sobre la necesidad de mantener una modalidad de caza. En cambio, otros —del mismo signo político— dicen lo contrario. Y, para el colmo de los colmos, debemos seguir al pie de la letra lo que nos dictan desde la Unión Europea, en la que diputados de otros países —incluso sin llegar a haber visto jamás una perdiz— votan la prohibición de la caza en España. Porque así lo dicen quienes los aconsejan. Bueno, pues esto ha de cambiar…
No hay mayor ecologista que el que lucha por conseguir y mantener un equilibrio perfecto en el Medio Ambiente. Y eso no se consigue soltando miles de visones una noche, iniciando así un martirio para las especies autóctonas, así como maltratando los mismos visones liberados, ya que no encontrarán sustento para su propia existencia. Tampoco se consigue dejando que la tasa de zorros, dañinos para la mayoría de especies cinegéticas, así como para la ganadería del lugar, además de ser portadora de enfermedades como la rabia, supere casi un 300 % lo recomendado para el equilibrio ecológico de la zona.
Aquello de hermano lobo, es mejor dejarlo para la historia de San Francisco de Asís. Nosotros tenemos y debemos empezar a escribir nuestra propia historia. Que no nos pase lo de siempre: que nos quedamos de manos cruzadas mientras los demás deciden por nosotros, y después nos quejamos amargamente.

EL CHIRRIDO EL SONIDO DEL COBARDE

El chirrido: el sonido del cobarde
Existe un sonido poco escuchado, quizás desconocido por aquellos aficionados que se inician en esta modalidad de caza: me refiero al chirrido. El reclamo cobarde lo emite cuando ve la cercanía del campero valeroso, o cuando ya presiente que el campo está a punto de entrar en plaza.

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Este sonido lo emplea también el reclamo acobardado mientras el valeroso macho contornea el repostero, al mismo tiempo que le pide explicaciones a nuestro reclamo por haber tenido la osadía de apropiarse de parte de su querencia.
Cuando el pulpitillo es más bajo de lo habitual y se encuentra totalmente desprovisto de camuflaje, el reclamo emite chirridos continuos que es la repuesta que traslada al valiente macho ante las reiteradas muestras guerreras que le está ofreciendo.
De igual manera, mientras traslada este claro mensaje de cobardía busca, con insistencia, un rincón de la jaula para agacharse y así pasar inadvertido. Al conseguir el objetivo de la invisibilidad sigue emitiendo esos lastimosos chirrido, que se agudizan cuando el campero envía, por los agujerillos del suelo de la jaula, sus intenciones belicosas.
Si el pulpitillo estuviera algo más alto y con mayor protección vegetal hubiera emitido un chirrido inicial al ver la presencia del campo para después agacharse en el suelo de la jaula, permaneciendo así todo el tiempo hasta que el bravo guerrero abandonara la plaza.
El chirrido es una demostración de cobardía al entrante y un claro rechazo al ofrecimiento guerrero que hace el campo cuando se presenta en plaza. La cobardía pudo ser adquirida en aquel puesto donde aquel viejo macho regañón se encaramó encima de la jaula. Sin mostrar el menor cansancio estuvo sobre ella repartiendo reclamo, sin dejarlo reaccionar. El permanente recuerdo de aquella derrota le hace emitir un insistente chirrido cuando, en sucesivos puestos, el campero entra en plaza, escudado, rijoso... enviando señales para realizar un bonito enfrentamiento.
Otras veces lo emplea en señal de muestra al no querer repetir las lamentables escenas que trajo un tiro desafortunado. Posiblemente pudo ser testigo de los saltos realizados y el consiguiente aleteo de la perdiz moribunda, por parte de la plaza. Otros tipos de disparos inoportunos, realizados a destiempo, y sin que el reclamo haya efectuado el reglamentario recibimiento, deparan las mismas consecuencias.
Como es lógico, el campo que entra plaza cuando el reclamo emite el chirrido debe ser siempre indultado, pues no ha existido ni pelea, ni recibimiento. Cuando se tira, en estas condiciones el reclamo suele agacharse, como señal de disgusto por nuestra mala acción. En otros casos, comienza a emitir una larga tanda de merecidos y repelentes saseos, recriminando nuestro claro error.
Los interminables saseos son, en ocasiones, secundados por la hembra del par, recién enviudada, dejando al malhumorado cuquillero dentro del puesto con la lección bien aprendida para próximos lances.
Estos reclamos de poco valor, en unos casos resabiados por su dueño y en otros llevando impresa la cobardía en su propia naturaleza, intercalan angustiosos chirridos y desesperantes saseos al sentir ya cercano al campo, demostrando que no quieren ver en la plaza la presencia de las perdices.
Viene a ser una tarjeta de visita que envían, desde su atalaya, al recordar algunas desagradables experiencias vividas en otros puestos.
Algunos reclamos también emiten este sonido cuando procedemos a sacarlos al sol. En ocasiones, aquel reclamo flojo de temperamento, quizás poco encelado, al ver venir a su compañero al que pretendemos colgar a su lado, y que en nuestras manos ya va mostrando airosas bulanas al mismo tiempo que emite suaves regaños 'queriendo imponer su autoridad, nos depara la emisión del chirrido por parte de aquel perdigón que se siente inferior.
En cuanto lo ve a su lado intenta agacharse en el suelo de la jaula, al mismo tiempo que baja las tres primeras plumas remeras de cada ala. En esta escena de sumisión al más valiente, el acobardado emite varios golpes de chirrido. En cuanto el valeroso reclamo cesa en sus ímpetus guerreros y adquiere un estado normalizado, procede lentamente a levantarse de la jaula.
De igual manera, aquellos reclamos experimentados y con muchas batallas ganadas, cuando comprueban la frialdad del campo emiten un corto chirrido, que suele ir acompañado de un pequeño rebote. A continuación proceden a revolarse dentro de la jaula emitiendo un cautivador piolío que hace que, al mismo tiempo que se nos pone la carne de gallina, agudicemos nuestro sentido de la audición al esperar una pronta respuesta del campo.

Perdiz con Reclamo Jacinto Gutiérrez se impone en el Campeonato de Extremadura

Jacinto Gutiérrez es, desde el pasado sábado, el nuevo campeón de Extremadura de caza de perdiz con reclamo, tras imponerse en la final más igualada de los últimos años a José Luis Parejo y Ángel Risco, segundo y tercero, respectivamente.


18/02/2013 18:21:02 | CdC | Archivado en:  ExtremaduraCampeonatosReclamo.

Jacinto Gutiérrez.


José Luis Parejo.


Ángel Risco.

La jornada, que se celebró en las instalaciones de la Federación Extremeña de Caza en la localidad pacense de Valdebótoa, fue espléndida, tanto en lo que se refiere a la climatología como en el nivel mostrado por todos los participantes. Bajo un cielo soleado y despejado de nubes y con unas temperaturas muy agradables se desarrolló la prueba, en la que se reunieron un total de 13 competidores extremeños.

En la décimo sexta edición del campeonato se citaron los mejores cazadores de la modalidad de la región, acompañados de los reclamos más excelentes, dando como resultado uno de los campeonatos más emocionantes y reñidos de los últimos años.

Tras citarse a las 7:30 de la mañana en la Venta Rosario, los miembros de la organización y los participantes degustaron un rico desayuno antes de proceder al sorteo de los dorsales para, justo después, partir hacia el lugar en el que se desarrolló la prueba autonómica.

Hacia las nueve de la mañana dio comienzo el campeonato, en el que los participantes y sus reclamos regalaron un extraordinario espectáculo al numeroso público que se dio cita en la sede de la Federación Extremeña de Caza para seguir el desarrollo del mismo a través de las pantallas de televisión.

Bajo la atenta mirada del juez nacional de la modalidad Eloy Sánchez Sánchez se desarrolló la jornada. Finalmente, la valoración de Sánchez dio como vencedor a Jacinto Gutiérrez, de la sociedad de cazadores San Pablo de Valdetorres, con 86 puntos.

La segunda plaza del podio fue para José Luis Parejo Dávila, de la sociedad San Isidro, de Valdivia, con una puntuación de 79 puntos, mientras que con 76 puntos cerró el podio Ángel Risco Hernández, de la sociedad La Liebre, del municipio de Villar del Rey.

Por su parte, el campeón extremeño de la modalidad en la pasada edición, Juan José Gordillo, de la sociedad Nuestra Señora de las Nieves, de la Zarza, tan sólo pudo ser en esta ocasión cuarto, con 69 puntos, al tiempo que José Luis Sánchez, de la sociedad Las Fiñas, de Escurial, fue quinto, con 62 puntos.

Tanto el campeón como el subcampeón de la región, esto es Gutiérrez y Parejo, representarán a Extremadura en el próximo Campeonato de España de Perdiz con Reclamo, que se celebrará en la localidad alicantina de Redován durante los días dos y tres de marzo.

Al término de la prueba, se procedió a la entrega de los diplomas y premios, antes de que todos los participantes y asistentes pudiesen degustar una suculenta caldereta de borrego y unas alubias con pestorejo, que aprovecharon para departir e intercambiar opiniones acerca de diferentes aspectos cinegéticos.

Desde Fedexcaza, tanto el presidente, Rafael Domínguez, como el secretario general, José María Gallardo, destacaron el altísimo nivel mostrado por los participantes a lo largo del campeonato y agradecieron la participación y respeto mostrado tanto por los aficionados como por los competidores.

RESULTADO FINAL:
1.- Jacinto Gutiérrez Sánchez. 86 puntos
2.- José Luis Parejo Dávila. 79 puntos
3.- Ángel Risco Hernández. 76 puntos
4.- Juan José Gordillo García. 69 puntos
5.- José Luis Sánchez Díaz. 62 puntos

miércoles, 13 de febrero de 2013

CUANDO CANTA LA PERDIZ...

Cuando canta la perdiz... se alegra el espíritu del veterano jaulero que se queda embelesado, absorto y fascinado escuchando los maravillosos recursos sonoros que dispone esta maravillosa ave.

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La postura que adopta para emitir sus cantos, que se visualiza al levantar las plumas de la cabeza, o enmoñarse, erguido, como queriendo que los ecos de sus sonoros y potentes cantos lleguen lo más lejos posible y así comunicar de esta forma, a sus congéneres, su presencia.
Les vale también para marcar su territorio y evitar la posible invasión de otras parejas vecinales que pretendan usurpar el territorio ya ocupado. Por ello, es lógico verlos encaramados en las atalayas que disponen en su territorio para “pregonar” a veces sus intenciones belicosas de batirse con aquellos que pretendan introducirse en su querencia.
De igual manera los distintos cantos y sonidos les valen para comunicase entre sí. Muchas veces estos mensajes sonoros persuaden a los posibles contrincantes que desisten de sus iniciales intenciones de batirse con aquél que demuestra en sus cantos mayor agresividad y fortaleza. Es por ello que los enfrentamientos directos suelen darse con poca frecuencia, pues en las fases comunicativas, o intercambios sonoros, saben con el rival que tienen que enfrentarse y optan, en consecuencia, por iniciar una prudente retirada, aquellos que se sienten inferiores.
Una de las claves más importantes a la hora de practicar la apasionante modalidad de caza, que es la del reclamo de perdiz macho, es la referida a saber conocer en profundidad todos los cantos y sonidos que emite la perdiz desde que nace hasta que es adulta.
Ya no sólo el conocimiento de todos ellos es de gran importancia en el mundo cuquillero, para saber que tipo de recurso sonoro está utilizando en un momento determinado, sino también la interpretación de todos y cada uno de ellos.
El saber descifrar, interpretar y conocer los cantos y sonidos que utiliza el reclamo en cada una de las fases del puesto es de gran importancia para el veterano jaulero, que en la soledad del puesto disfruta interpretando todos los recursos sonoros que utiliza su reclamo en los mensajes que envía al campo.
Cuando la voz guerrera del campo se hace oír por los distintos lugares, se acelera el pulso del jaulero que calcula los distintos pares que defienden su territorio, las distintas aproximaciones que se producen ante las insinuantes y persistentes llamadas de nuestro reclamo que sabe, por los mensajes sonoros que se intercalan, con cuales pueden obtener éxito.
Los ojos semicerrados, la moña levantada, el pico entreabierto, erguida su postura... así el campero emite su concierto particular haciéndose, de esta forma, fuerte en su terreno.
Cuanto canta la perdiz... y el cuquillero es testigo, dentro del tollo, de todos los pormenores que se desarrollan en un puesto llega a entrar en tal estado de concentración que todo queda supeditado a lo que allí vive y siente. Sensaciones altamente gratificantes que recordará una y otra vez a lo largo del año y que servirán para querer repetir cuanto antes esas escenas... con la práctica de esta apasionante modalidad venatoria...
Cuando canta la perdiz... el jaulero tiene le enorme suerte de oír los dulces y seductores TITEOS, arrumacos amorosos destinados a las hembras; voces destempladas enmarcadas en sonoros REGAÑOS; sonidos de alarma en su explosivo vuelo con el PIOLÍO; voces guerreras y desafiantes en el DAR DE PIE; sonidos de insulto y provocación para aquellos que osan invadir su querencia con las PITAS ó PIÑONES; invitación para hacer el nido en un lugar elegido por el macho con sonidos dulces y seductores, especificados en el LLAMAR A NIDO; gestos de nobleza, mansedumbre y tranquilidad por la que atraviesan, empleando los distintos GUTEOS... y así hasta un total de 25 recursos sonoros... que empleará según las circunstancias y situaciones en las que se vea inmersa.

FOTO: JAVIER PRIETA. «Se trata de una auténtica perdiz de alta montaña fotografiada en Gredos cacereño, en un piornal a casi 1.500m. de altitud y que poco después escapó del ataque de caza de un águila calzada».
Cuando canta la perdiz... el perdigonero sabrá apreciar los distintos tonos, matices que conforman cada uno de los cantos y sonidos empleados por su reclamo, recursos sonoros que empleará el llamado pájaro catalogado como excelente, de forma oportuna en cada puesto presentando batalla, contienda... a los machos... y mensajes de conquista y seducción a las hembras... que camela desde su atalaya.
Cuando canta la perdiz... y el aún somnoliento perdigonero camina entre los sombras de las noche para dar el puesto de alba, sabe, por los mensajes sonoros que emite cada perdiz en su territorio o querencia, la densidad y el estado de celo que tienen dado los mensajes guerreros que pregonan a los cuatro vientos, queriendo señalar con ello que defenderán con arrojo y valentía la incursión, u ocupación de otros pares, en aquel terreno que les pertenece.
Cuando canta la perdiz...

miércoles, 30 de enero de 2013

¿ SUEÑAN LOS RECLAMOS ?


¿Sueñan los reclamos?
Hace ya algún tiempo un amigo cuquillero me planteaba esta cuestión pues sus reclamos en determinada época del año se mostraban propensos a los saltos, revuelos y algarabías nocturnas, acciones que algunos aficionados hemos sufrido en alguna ocasión y que algunos relacionan directamente con el sueño de sus reclamos.

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Y es que a pesar de que nuestros desvelos, mimos y atenciones a nuestros reclamos son permanentes durante todo el año pues disfrutamos mucho con la belleza de su plumaje, con su excelente salud y siempre estamos absortos mirando y remirando su comportamiento, en ocasiones somos sorprendidos con la acción de un ave brava y salvaje que desahoga sus impulsos y emociones de esta irracional forma.
Varias son las causas que llevan a la perdiz a saltar sin control dentro de la jaula, o en el terrero
La perdiz, como animal irracional que es, se guía por su instinto y responde de múltiples formas ante las situaciones complicadas que se le presentan poniendo en riesgo su integridad física. Es precisamente este instinto salvaje el que le guía e indica el camino a seguir, el alimento que debe ingerir y otros muchos hechos que se enmarcan dentro del rico, y a la vez complejo, comportamiento de la reina del monte.
Varias son las causas que llevan a la perdiz a saltar sin control dentro de la jaula, o en el terrero, dejándose las plumas enraizadas entre los alambres de la jaula, las cabezas peladas o ensangrentadas, picos rotos o despicados, alas caídas por la excesiva briega que han mantenido, heridas de mayor o menor importancia… y, en definitiva, escenas dantescas y decepcionantes son las que presenciamos cuando llegamos una mañana al jaulero para atender a nuestros campeones.

Nuestros esfuerzos por verlos gordos, limpios, brillantes y en perfecto estado de salud vuelan también por los aires y un sentimiento de preocupación y hondo pesar se apodera de nosotros cuando los vemos inmersos en esta triste situación. Nos podemos dar por muy contentos si no ha existido alguna baja ante tal algarabía y si ello se ha hecho presente que no haya sido con el pájaro puntero… o con aquel otro pollo… o el segundón que nos tenía muy ilusionado pues presentaba detalles de importancia para cuajarse con el tiempo como un excelente reclamo.
Los revuelos nocturnos se suelen presentar, con mayor frecuencia, cuando el tiempo comienza a refrescar y los reclamos se encuentran ya casi pelechados pues se están vistiendo con las últimas plumas de la cabeza y las correspondientes al collar o collareta. También es frecuente este comportamiento peligroso cuando llevan algún tiempo enjaulados. De igual manera se hace presente cuando nos encontramos alojados en el campo con la presencia de algunos reclamos extraños para ellos. En estos casos el nulo proceso de aclimatación al nuevo lugar suele ser la principal causa para que exista fiesta nocturna.
Para que el proceso de aclimatación sea el adecuado debemos mantener, desde que lleguemos al campo, las jaulas tapadas con la sayuela, con la lógica salvedad de mantener la piquera abierta para que puedan comer y beber con normalidad. Por las noches taparemos por completo las jaulas para que, existiendo total oscuridad, vean mermadas las posibilidades de asustarse por cualquier motivo. Conforme vayan transcurriendo los días y veamos en ellos el abandono de la extrañeza y la aclimatación a su nuevo habitáculo, iremos subiendo cada vez más las cobijas hasta que llegado el día elegido, que consideremos oportuno, se las quitaremos del todo.
Existe entre algunos aficionados la pésima costumbre de acercar a los reclamos guerreros para que inicien cantos retadores antes de apagarles la luz.
Otra causa del tema que tratamos es debida al recibimiento de una mala impresión, entre ellas están el ataque de una rapaz cuando hemos estado en el puesto. Esta desagradable experiencia hace que el relamo se encuentre sumido en un estado de miedo y a la vez de continua alerta, que le hace estar intranquilo y preparado que eliminar toda la tensión que lleva acumulado…Un bañito de tierra, o una separación momentánea de sus compañeros hasta que su estado emocional vuelva a la normalidad, será el tratamiento adecuado si nos queremos que contagie al resto del equipo con saltos y espantadas que estarán casi garantizadas.
En otros casos los cambios de lugar, o de vecino, son suficientes para que en la oscuridad de la noche quieran seguir de gresca con el camorrista de turno que le han colocado al lado y con el que no tiene ninguna intención de hacer las paces.
Cuando nos regalan algún reclamo arisco, desconfiado o demasiado embravecido, es conveniente alejarlo del resto pues es muy probable que durante el transcurso de la noche invite al baile a sus nuevos amigos de encierro. Cuando el proceso de amansamiento y socialización del nuevo inquilino con el resto finalice, será el momento ideal para que vuelva con todos los reclamos. No hay que olvidar que el acercamiento que le hagamos al grupo de reclamos ha de realizarse siempre de forma gradual.

Existe entre algunos aficionados la pésima costumbre de acercar a los reclamos guerreros para que inicien cantos retadores antes de apagarles la luz. Cuando ello ocurre los reclamos que disponen de un mayor celo, los más guerreros o aquellos con un mayor empuje y con claros deseos de liderazgo siguen cantando, en la oscuridad de la noche, emberrenchinados  tratando de ajustar cuentas con aquellos que perdieron de vista, pero a los cuales presienten cercanas sus presencias. Cuando llegan a enfriarse, uno de ellos suele dar el grito de pánico acompañado de un salto y precedido de un golpe seco de saseo poniendo en guardia a los demás…seguido con el más que seguro y triste espectáculo de saltos y espantadas…
Procuremos que los estados de celos no sean excesivos pues ello equivale ya no sólo a un rendimiento poco adecuado en el tanto, al estado próximo de celos pasados, también a una muda extemporánea y sobre todo a saltos nocturnos que traen irremediablemente consecuencias negativas para su estado físico…y hasta de desnuques que traen  muertes repentinas.
Por todo ello es más que aconsejable la instalación en el interior de la jaula, y en la parte superior de la misma, de unos gorrillos acolchados cosidos de tal forma que el reclamo no puede quitarlos si adquiere la fea costumbre de picarlos. Estos gorrillos son círculos realizados con goma neumática procedentes de las ruedas de los camiones que irán forrados en su interior de goma espuma proporcionando un sistema muy eficaz  para eliminar todas las secuelas y posibles daños que se presentan ante una espantada nocturna.
En la parte superior de los terreros es importante instalar, igualmente, unas mallas plastificadas separadas del techo y amarradas con gomas para así incrementar su elasticidad aportando, en su conjunto, un sistema ideal para aminorar, o reducir en su totalidad, todos  los efectos negativos que lleva consigo un inesperado revuelo nocturno…